Facebook: En busca de la personalidad perdida

Dentro de la concepción de las personas – de un modo individual – existen un sin número de características que orientan a la conformación de las personalidades.  Nuestros actos nos definen, nos envuelven en un molde que nosotros mismos esculpimos y le dimos forma, claro que, ayudado por el modo en el que actuamos según las circunstancias. Es decir, en los momentos que expresamos nuestros gustos, disgustos, dones, satisfacciones, egos y virtudes.

Facebook es una herramienta que engloba necesidades de índoles sociales (claro, es una red social); si bien sus usos y aplicaciones son múltiples nos permite tener en un sólo lugar la muestra social de referencia y estar “controlando” la que no es de nuestra circularidad pero que nos interesa. Así pintado el panorama, cada individuo que ingresa a Facebook se encuentra con la posibilidad (casi una obligación) de dotar al perfil personal de justamente lo que es: un perfil personal, para plasmar en él, toda esa suerte de aspectos que nos hacen ser algún fulano.  Allí tenemos la oportunidad de indicar quienes somos, qué hacemos, qué sabemos hacer, qué nos gusta, qué no, qué tan bien puedo mejorar fotos con Photoshop o cuánta  honestidad puede tener un ser humano al mostrarse tal y cual como es. Todas esas opciones se encuentran en un estado “natural”, las cuales el usuario “amolda”  luego a su personalidad y juicio, pero he aquí que algunos prefieren mostrar una alteración de su vida, una parodia, o un espejo de otras vidas.

Facebook sirve para husmear, claro está, sirve para promocionar productos y para, en un sentido muy poco apreciado y para gusto muy poco aprovechado, comunicar como nunca nos comunicamos. Existe algo que se llama ruido en la comunicación. Hoy ese aspecto se involucra más al contexto que engloba un mensaje entre individuos, pero, en esencia, es lo que molesta y dificulta el entendimiento del mensaje, tal cual el ruido de una señal entrecortada de radio que no nos permite entender con claridad qué nos quiere decir un locutor. En términos algo académicos: todo aquello que se interponga en el canal del mensaje.

Los usuarios de Facebook suelen hacer ruido; no todos claro, pero si los suficientes, en un sentido más metafórico que consistente, pero lo hacen. Con esto nos referimos a la realidad alterada que hacen algunos fulanos de sí, ilustrando una mirada sobre su “soy” contradictoria a la real.

Generalmente se utilizan referencias a vidas soñadas, a ser un ejemplo, a tratar de mostrar la belleza superficial y no la interior, aunque eso, lamentablemente, vende. Aunque todos sabemos que no sabes cinco idiomas como dice tu perfil, porque la posibilidad de que lo hagas es inversamente proporcional a cada horror de ortografía que escribís en Español. Entonces, no hace falta decir que te portas bien, que jamás mentiste y que estás orgulloso de pertenecer a un grupo llamado “Nunca fui infiel” si te excusás en eso porque no soportás serlo o “Cambio tesoros del vaticano por comida para África” si no estás dispuesto a hacer nada (nuestros mayores respetos para los que intentan) o ¿alguien cree que Benedicto XVI está preocupado porque un grupo en Facebook está en contra de sus paredes de mármol y zócalos de oro? en verdad lo dudamos. Por eso, no digas que no te gusta Arjona sólo para quedar bien, ¿y si te gusta?, pero claro, a ellos (un grupo reducido pero referencial – quizás estúpido -) no.

Entonces ¿dónde quedan esas personalidades perdidas? ¿Quién es esa fulana que sabe hablar en portugués, inglés y alemán y le gusta todos los estados de sus “amigos”?, cuando en la realidad es introvertida, tartamudea, no es tan valiente como cuando responde con vehemencia cada nota en la que la etiquetan y ya no tiene la posibilidad de que la veamos del perfil que mejor sale en las fotos. Aquí, es donde llegan los “yo” en el sentido más singular y básico que hay; el mejor perfil que tiene una persona es el “yo”, porque el “yo” te permite ver las verdaderas virtudes, ya que sólo así resaltan, ante la presencia de los defectos que todos tenemos. Alguien que es perfecto no es poco probable, es imposible, y seguramente tarde o temprano termine buscando su personalidad perdida, en los confines de vaya a uno a saber dónde.

No estamos echándoles culpas a Facebook, lo siento parte de la evolución de dos cosas en su conjunto muy relacionadas: la imprenta y la comunicación de un individuo a múltiples (cosa que hace siglos y mucho menos tiempo también sólo se podía hacer a través de libros). Facebook es sólo un espejo, donde el reflejo lo adorna cada usuario a su parecer, pero hay que ser cautos con esos reflejos porque pueden ser el de personalidades que no son, y que están en busca de la que perdieron.

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