Cuando la comunicación remite

Comunicar siempre es mediante. Un gesto, una palabra, un acto, un sentimiento, una expresión o tal vez una imagen, nos orientan (algunos más específicos que otros) a entender qué nos están diciendo. A veces, solo basta algo tan simple como una figura, despojada de recordatorios cromáticos, simbología precisa o un fondo al que refiera y contenga a nuestro público. La necesidad de trasmitir un mensaje está más en el sentimiento que se provoca que en el hecho específico de la facultad del tránsito de símbolos para que otro sujeto decodifique algo en frío. Debemos dar contexto, provocar que la asimilación de un mensaje no sea únicamente un hecho trasmisivo, sino que, remita a experiencias previas, que incite otras nuevas, que achique al mínimo la brecha entre la necesidad y las respuestas.  Esto se puede ver tanto en publicidades (los ejemplos más claros) como en cualquier tipo y motivo de comunicación.

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